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Cuenta la leyenda que, en tiempos pretéritos e indefinidos y ubicados unos años antes de la Primera Guerra Mágica, surgió un equipo que era casi imbatible jugando al Quidditch.

Era tal su supremacía que el Ministerio de la Magia, estuvo pensando el cambiar las reglas del juego para evitar que el partido acabara cuando un equipo captura la Snitch, puesto que la gente se aburría ante la escasa duración de los partidos.

Tanta superioridad, tan buen juego, tanta compenetración llevó al resto de equipos a generar recelos y envidias. Así como si fueran seguidores del “que no debe ser nombrado” comenzaron a difundir el rumor de que el “snitch runner” (ya sabes el jugador imparcial que porta la snitch) siempre ayudaba a este equipo.

De esta forma esos equipos, se creyeron e interiorizaron su propia inferioridad, puesto que ya tenían excusa si perdían e inconscientemente se relajaban cuando les tocaba jugar contra ellos.

  • ¿Para que me voy a esforzar si voy a perder?

Cualquier pequeño gesto del snitch runner o el mínimo contratiempo, se veía como una ayuda a este equipo, auto cumpliéndose por tanto la profecía y generándose así un círculo vicioso.

Pero la verdad no era esa, la verdad era que detrás de los Gryffindor Royal, había muchas horas de “picar piedra”, de trabajar, de organizar, de estudiar el juego, al rival y las normas, en resumen, había un método de trabajo que sin duda era el verdadero secreto del éxito.

Pasó el tiempo y llegó un jugador de los Slytherin Boatsç, que era diferente al resto. En este tiempo habían tenido grandes y brillantes jugadores, que siempre habían crecido bajo el complejo de que su equipo terminaba perdiendo los grandes trofeos a manos de los Royal.

Pero este era distinto y como tal, le dio por investigar que hacía distinto al equipo ganador y cuál era el motivo de que casi siempre ganara al suyo. De dicha investigación, dedujo una norma específica del juego que le podía beneficias. Así ideó una forma distinta de entrenamiento que sorprendió a todo el mundo, haciendo que por primera vez los Slytherin ganaran en varias y repetidas ocasiones a los Royal. Siempre haciendo un juego vistoso, ameno y distinto que fue conocido como el Kuidi-Taka.

Mira tú por donde los papeles se invirtieron, los Gryffindor Royal, en lugar de mirar en su interior y observar que es lo que les había hecho distintos, de trabajar en la evolución de su juego, de esa norma o en la evolución de su competencia, optaron por echarle la culpa “al empedrao”.

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Así las mismas excusas que habían llevado a los Slytherin Botasç a ser unos secundones, fueron adoptadas ahora por los Royal, que intercambiaron papeles. Siendo habituales las declaraciones de sus jugadores, quejándose del snitch runner o del ojo que todo lo ve.  Por suerte para ellos, fue un corto período de tiempo, hasta que volvieron a sus orígenes y recuperaron su esencia.

Estoy seguro de que, aunque no hayas leído a la Rowling esta historia te suena, incluso algún mal pensado pensará que estaba hablando de fútbol, pero por cambiar el tema, hagamos una extrapolación al mundo de la empresa:

¿Cuántas veces ves empresas que echan la culpa “al empendrao”?

¿Cuántas veces no miran al interior de su organización para evolucionar?

¿Cuántas empresa nos conocen el secreto de tu éxito o del de su competencia?

Creo que es el momento de aprender la lección, de no echar la culpa al gobierno, a Hacienda, a Inspección de Trabajo, a los trabajadores, a internet, al virus, a la economía, «al empedrao»…

Crece, trabaja, estudia y desarrolla tu método basándote en tu empresa y en sus valores. Y si necesitas ayuda para hacerlo, ya sabes dónde encontrarme.

Que la fuerza te acompañe.