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Alfonso comenzó desde muy joven a vender seguros. Siempre le gustó ese tema y ya cuando estaba estudiando ADE, dedicaba los veranos a vender como subagente.

Una vez finalizó sus estudios, decidió dar el paso. Recorrió su ciudad para testear como trabajaban las cuatro principales compañías, haciendo un mistery shopper. En las cuatro pidió una oferta del mismo coche y de la misma vivienda. Fue apuntando en su cuaderno como le habían atendido, la oferta que le habían hecho, las preguntas que le habían hecho y las impresiones que había sacado.

No era capaz de comprender, como en las cuatro compañías no le preguntaban por más cosas, para poderle vender a su vez más pólizas. Tampoco era capaz de comprender, como en casi todas ellas, las mesas estaban llenas de propuestas pudiéndose leer sin dificultad, todo tipo de datos de los solicitantes.

Sacó sus propias conclusiones y después de dedicar el fin de semana a pensar, el lunes se plantó de nuevo en las mismas cuatro compañías, con la intención de que le recibiera el director.

En las dos primeras no lo consiguió, la cosa no pintaba bien. En la tercera, estuvo esperando algo más de una hora para ser atendido, sin embargo, cuando le atendió, apenas se disculpó por el retraso, seguramente era algo habitual.

 Su mesa era un reflejo del de toda la oficina, papeles y más papeles la llenaban y hasta en cinco ocasiones fueron interrumpidos por el teléfono en los apenas 10 minutos que estuvo reunido. El director no le hizo mucho caso, tampoco le importó, él no quería trabajar en un sitio así.

Llego a la cuarta empresa y ahora el director le atendió después de unos 10 minutos de espera. Su mesa estaba despejada y ni una sola llamada interrumpió su reunión. Todavía recuerda la cara de sorpresa del director cuando le dijo que estaba allí para ayudarle.

  • ¿Me quieres decir, que tu con apenas 23 años que acabas de terminar la carrera y que has vendido cuatro pólizas un verano, me vas a ayudar a mi que llevo casi 30 años al frente de Seguros X?
  • Si, eso es. Si me das la oportunidad, voy a ser el mejor agente de tu compañía.

Después de una hora de charla, Alfonso salió nombrado agente y comenzó con una agresiva campaña de ventas. Como no podía ser de otra forma, Alfonso fue rompiendo todos los récords de ventas de la sucursal y de la propia compañía. Por lo que pronto se vio en la necesidad de dejar de trabajar desde casa y abrir una oficina.

Todo funcionaba a la perfección así qué, porque no contratar a una persona que atienda las llamadas cuando él no estaba, que organizara su agenda, etc.

Photo by Melissa Walker Horn on Unsplash

Le costó encontrar a la persona adecuada, pero al final lo consiguió. Al principio notó cierto alivio en su trabajo, todo seguía marchando bien, el número de pólizas vendidas aumentaba, pero además alguien le ayudaba a gestionar su tiempo, por lo que tenía más tiempo para vender.

En poco tiempo se vio en la necesidad de meter a una segunda persona y poco después una cuarta, mientras su empresa crecía Alfonso se centró en lo que mejor hacía y lo que le gustaba: vender seguros.

Pero por más que él vendía y vendía y no paraba de vender y su empresa crecía y crecía y no paraba de crecer, Alfonso no veía color al asunto.

AlSeguros tenía una gran cartera, era una referencia en ventas, pero a la hora de la verdad, la cuenta de la empresa siempre andaba tiritando. Estaba pagando un préstamo para el local, otro para la obra del local, otro para los muebles, ordenadores, etc. y además tenía una cuenta de crédito para el día a día.

Cobraba las comisiones y la cuenta de crédito pasaba del rojo al negro. Pero por arte de Birly Biloque, como si le hubieran quitado un gran tapón a una piscina, el dinero desaparecía andando la cuenta al límite del descubierto, día sí y día también.

¿Qué hacía despedía a alguna de las cuatro personas que tenía trabajando?

¿Cómo les pagaría la indemnización del despido?

¿De cuánto sería esa indemnización?

¿Podría seguir pagando los préstamos?

Puedes pensar que en el caso de AlSeguros, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Al fin y al caso los nombres son inventados y los hechos novelados. Pero estarás conmigo qué, en más de una ocasión, has visto tu empresa como la de Alfonso.

¿Quieres que te ayude a detectar en tu empresa, fallos como los de AlSeguros y saber cómo evitarlos?

¿Quieres tener la certeza de llegar a fin de mes con tu empresa?

Ahora es el momento en que estamos ayudando a muchas empresas a preparar la próxima década, pero no solo para que sobrevivan a la misma, sino para que sea una década de crecimiento y prosperidad para sus empresarios. Que la fuerza te acompañe.