BlogFoto de Dmitry Tomashek en Unsplash

El pasado martes estaba reunido con un cliente, cuando salió un tema recurrente, tenía problemas con un trabajador y quería que nosotros le atendiéramos. Le recordé que en nuestro despacho tenemos una norma clara e inquebrantable al respecto:

NO atendemos nunca a un trabajador de una empresa cliente, salvo que esté presente el empresario.

El objetivo de la norma, además de evitar conflictos de intereses, es prevenir el hecho de que yo cuando hable con el trabajador le diga que una cosa es negra, él piense que es gris oscuro, pero luego le diga al empresario que es gris claro y el empresario me diga que como le he dicho al trabajador, que la cosa era blanca.

Por tanto, las tres partes presentes y el demonio de los dimes y diretes se disipa.

Pues bien, algo tan sumamente sencillo y que, como todas las formas de atención tenemos reflejado en nuestro manual de procesos, parece ser que no se aplicó en el caso Messi.

Llega el gran Lionel Andrés Messi Cuccittini (aunque soy del Madrid, he de reconocer que es un grandísimo jugador, en un no tan gran club) y después de perseguir esa copa linda, ve que se le escapa año tras año, cosechando bochornosos resultados, por lo que se coge un berrinche del 15.

  • Pues ahora me enfado, dejo de respirar y me voy.

Jorge Messi en su doble papel de representante y papá de la criatura, contacta con su despacho profesional y les encarga la redacción del burofax más famoso del año. En ese despacho se lo hacen y lo envían al Fútbol Club Barcelona.

La historia deportiva, la dejamos para esos medios, ciñéndonos por tanto a la cuestión empresarial. Cuando el Fútbol Club Barcelona, recibe el burofax, ve que está enviado por el mismo despacho profesional que le lleva a dicha institución sus asuntos: Cuatrecasas Gonçalves Pereira.

Así en ese momento, como no podía ser de otra forma, dicha institución rescinde los servicios del despacho que ha perdido a uno de sus mejores clientes, por no hablar de la merma en su reputación.

Aquí la pregunta es la siguiente:

  • ¿Nadie detectó en dicho despacho que estaban asesorando tanto al trabajador (Messi), como a la empresa (Fútbol Club Barcelona)?

Si la respuesta es que si se detectó además de una mala praxis profesional hubo una falta de total de honestidad, seguramente por el afán de facturar más.

Si la respuesta es que no se detectó, es evidente que los procesos y sistemas de esa empresa no están en consonancia con el prestigio que hasta entonces tenía.

Sea como fuere, la lección que nos arroja para el mundo empresarial este caso es evidente: Sistema, sistema, sistema, procesos, procesos, procesos. Todo ese sistema y esos procesos accesibles por todo el mundo, con las oportunas alarmas para detectar tanto si hay falta de honestidad de alguien como si se actúa mal, puesto que en caso contrario el prestigio y la confianza que transmite tu empresa, pueden sufrir un daño irreparable.

Que la fuerza te acompañe.