Blog

Juan y Pepe son dos colegas de toda la vida. Estudiaron juntos una ingeniería informática y juntos montaron su primer negocio, una empresa de software. La montaron al más puro estilo de estilo californiano, en el garaje de Juan: dos mesas, dos ordenadores y “palante”.

Tenían ya un encargo nada más empezar, una gran empresa. Cuando la empresa contaba con menos de un año, se vieron en la necesidad de contratar a una persona, no daban abasto con el último proyecto y no llegaban a todo.

Como no cabían en el garaje y como todo iba mucho mejor de lo que nunca imaginaron, alquilaron un local. En apenas un par de meses el local se les quedó pequeño y llegó su primera adquisición, un local nuevo en el centro de la ciudad.

Nunca pensaron si era el sitio idóneo o si realmente compraban el local ahí por el mero hecho de que todo el mundo supiera que ellos estaban triunfando.

Nunca echaron cuentas de lo que lo que costaba amortizar dicho local, ni del tiempo necesario para hacerlo. De hecho, nunca hicieron un plan de negocio, ni siquiera un presupuesto, para qué las cuentas salían. Tenían un gran cliente, con grandes proyectos por delante.

En apenas tres años, la empresa contaba ya con 10 trabajadores y el local se estaba quedando pequeño.

  • Ponemos el local en venta y compramos a otro local mucho más grande – local que necesitó de una obra de acondicionamiento, pero por fin estaban todos allí.

La empresa tenía un gran cliente y dos locales con sus respectivos préstamos, avalados por Juan y Pepe. Además, tenía un préstamo para el acondicionamiento del segundo local y varios leasings para la compra de ordenadores, avalados por Pepe y Juan. Cuando llegaba la época de pagar los impuestos la cosa se apretaba un poco más, pero el banco les ofreció un préstamo especial que se activaba en esos momentos. Préstamo que avalan Juan y Pepe.

Photo by Efe Kurnaz on Unsplash

Cuando llegó el cuarto año, su cliente principal, al que le facturan el 90 % de su producción, les dice que están muy contentos con su labor, pero que los márgenes se han ajustado y que para seguir trabajando con ellos tienen que reducir sus precios en un 10%.

  • No pasa nada, pedimos una cuenta de crédito – cuenta de crédito que avalan Pepe y Juan.  

Piensan así mismo buscar otro cliente, pero el torbellino del día a día, los plazos de entrega de los proyectos, se lo impide. Lo mismo Pepe que Juan, están involucrados en el proceso productivo de la empresa, pero no tienen tiempo para gestionar la empresa como tal.

  • ¿Para qué? Todo funciona, la gente cobra, la empresa marcha y la facturación aumenta año tras año. Nosotros nos dedicamos a programar que es lo nuestro.

Finaliza el quinto año y como la cuenta de crédito no se estira más, es necesario pedir una nueva en otra entidad. Cuando llegan a la misma, esta les pide las cuentas. Se las piden a su Asesoría y mira tú por donde, para que no de pérdidas la empresa, hay que “retocar” las existencias y poner que a fin de año había proyectos pendientes de facturar por valor de más de 50.000 Euros.

  • Es eso de la contabilidad oficial, nosotros realmente ganamos, pero consideran gasto la amortización.

El banco les concede la cuenta de crédito, acompañada de varios seguros y el aval de Juan y Pepe. Pero mira tú por donde, el cliente principal de la empresa, el monocliente les pide una nueva reducción de precios de otro 10 % y encima les alarga el plazo de los proyectos pendientes a 180 días.

En ese momento Pepe y Juan, Juan y Pepe, se ponen a echar cuentas. En un Excel porque son informáticos, pero a la cuenta la vieja y se dan cuenta de que están en la más absoluta ruina caracolera. Tanto empresarial como personalmente.

Entre Pepe y Juan y entre Juan y Pepe, tienen préstamos, créditos y leasings avalados, como para estar pagando todo lo que ganen en los próximos 30 años.

Entre Pepe y Juan y entre Juan y Pepe, tienen una empresa que está facturando a unos servicios entre un 10 y un 15 % por debajo de lo que les cuesta a ellos el producirlos, si tienen en cuenta los costes financieros. Todo ello con una estructura de costes fijos casi imposibles de reducir.

En ese momento Pepe y Juan y Juan y Pepe salen al mercado a ofrecer sus servicios y tachán, se dan cuenta de que ahí fuera hace frío, mucho frío. Cada vez que se juntan con un posible cliente, este ve el miedo en los ojos de Pepe y Juan y de Juan Pepe, ve la desesperación por vender. Ve que necesitan sobrevivir y ve claramente, que les puede apretar.

Hoy comienza el sexto año de su proyecto y Pepe y Juan y Juan y Pepe, están trabajando con su nómina embargada para quien era su principal cliente.

Que la fuerza te acompañe.