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Alguien dijo que cuando un empresario de Silicon Valley abre la puerta de su garaje para mostrar su última invención, tiene frente a él al 50 % del mercado mundial y que cuando un empresario de Finlandia abre la puerta de su garaje, tiene frente a él un metro de nieve. Yo añadiría que cuando un empresario de España abre la puerta de su garaje, tiene frente a él a ocho políticos que mantener, dos manifestaciones en marcha, una procesión cortando la calle, un puente de tres días por delante y a su familia criticándole por no haberse metido a funcionario.

Sin embargo, con todo y con eso en España siguen saliendo empresarios que hacen la cosas con criterio y que organizan sus empresas de manera debida, consiguiendo hacer de las mismas una forma de vida y generar riqueza para ellos, sus trabajadores y su entorno.

En ocasiones hablando de esto con algún empresario, me ha preguntado que cuál es el consejo más importante que le podría dar para organizar su empresa.Organiza tu empresa desde el principio como si fuera una franquicia, esto es como si la fueras a vender mañana.Para mí esta es una de las claves del buen funcionamiento de una empresa. Es posible que nunca hayas pensado en vender tu empresa, de hecho, lo normal es que nunca la vendas. Pero si desde el principio la organizas como si la fueras a vender mañana, tendrás todos los procesos definidos, para que si faltas tu o cualquier otro miembro de la empresa por cualquier circunstancia, esta no se quede paralizada.

Conozco muchos casos de empresas, que funcionaban como relojes suizos. El engranaje de las mismas estaba perfectamente engrasado con el sudor del empresario y/o de los trabajadores y su buen hacer. Empresas con 8, 10 o 12 operarios, que daban beneficios año tras año. Pero mira por donde, la figura del empresario era imprescindible en la organización. Ante el mínimo contratiempo que puede darse en cualquier momento, una rotura de una pierna, una lumbalgia o una enfermedad que le obliga a guardar cama durante un par de meses, aquellas organizaciones modélicas, acababan convertidas en un auténtico caos.

Nadie sabía cómo había que hacer determinados pedidos, nadie sabía a qué proveedor había que pedirle qué o como se le servía a determinado cliente.
El Fundador
Más sangrante aún si cabe este caso, es cuando se da con un trabajador. Para muestra un botón, una empresa en manos de un trabajador, que tenía su puesto de trabajo y el “know how” del mismo como “su tesoro”. Cada vez que recibía formación no la compartía con nadie. En varias ocasiones, la empresa le puso un ayudante, para que aprendiera las funciones propias de su puesto y así pudiera ser sustituida en caso de necesidad. No hubo manera, a todos y cada uno les hizo la vida imposible.

El operario, consciente de su poder, cada fin de año exigía una subida de salario. Siempre era el último año que la pedía, puesto que con esos 100 euros al mes se apañaba y no quería perjudicar a la empresa. Hasta diciembre del año siguiente, en que, si no era la universidad del niño, era el coche que se había “espanzuriao”, y por tanto iba a necesitar otra subida de otros 100 euros más.

 Al final, yo mismo contratado por la empresa en un proyecto de consultoría, tuve que plantarme una semana su lado, para procedimentar y documentar todo lo que hacía. Llegó incluso a amenazar con darse de baja por depresión si yo seguía allí.
El empresario se mantuvo firme y conseguimos el objetivo, es más, descubrimos que su trabajo realmente no ocupaba más allá de cinco horas de su jornada de ocho, dedicando las otras tres a sus quehaceres particulares en las Redes Sociales.

La conclusión es clara, nadie es ni debe ser imprescindible y para ello, piensa en tu empresa como si la fueras a vender, como si fuera una franquicia. Una recomendación al respecto la película, el Fundador que cuenta la historia de McDonald’s y de Ray Kroc.

Que la fuerza te acompañe.


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