Imagina que estás en la Estrella de la Muerte y tienes que decidir si usar la Fuerza para mover una taza de café o para desviar un rayo láser mortal.
Esta frikada es lo mismo que pensará cualquiera (incluidos nosotros mismos) cuando, en lugar de estar en el año 2 de la Era de la IA, estemos en el año 10 y alguien deba decidir si usar la IA como asistente para contestar una consulta de un cliente o hacerlo “a pelo”.
En ese momento, la contestación será obvia y a nadie se le ocurrirá hacerlo “a pecho descubierto” como un legionario.
- La IA es esa Fuerza que nos ayuda a decidir y ejecutar muchas de las tareas de nuestro despacho hoy, y quién sabe, tal vez todas en el futuro.
- La IA es el sable láser que corta los procesos tediosos y deja espacio para la estrategia, la creatividad y, sobre todo, para la conexión humana. Porque la IA no es ni siquiera una inteligencia, es una ASISTENCIA, con mayúsculas para que quede más claro.
- La IA, a día de hoy, nos va a devolver, como Rafa Nadal en sus mejores años desde el fondo de la pista, lo que nosotros le echemos. ¿Le preguntamos bien? Nos contestará bien. ¿No sabemos preguntar? Nos contestará cosas sin sentido.
Además, como asistente que es, tenemos que tener criterio para distinguir “cuando se le va el panchito” (las alucinaciones). Algo que, con la mejora de la capacidad de computación, del propio algoritmo y del entrenamiento, irá a menos, pero seguirá ocurriendo.
Pero volvamos a lo más importante: usar ese tiempo que ganamos y debemos ganar con la IA para mejorar la conexión humana, con nuestros clientes y con nuestro equipo.
Si no lo hacemos, no nos va a dejar sin trabajo la IA, ni alguien que sepa usar la IA, sino alguien que sepa usar el tiempo que le libera la IA para mejorar lo que nos distingue de las máquinas:
LA CONEXIÓN HUMANA.
Que la fuerza te acompañe.