En el mundo del despacho profesional, hay quien pretende hacer el truco de magia de ser premium para las grandes empresas y low cost para los autónomos.
Vamos, lo que viene a ser algo así como querer vender Chanel Nº 5 en el mercadillo junto a la colonia de “Aroma Lavanda a 2 euros el litro”.
Atención, spoiler: no funciona y nunca va a funcionar.
Porque, al final, si te pones a vender “de todo un poco”, la percepción de calidad se va al lado oscuro de la fuerza. Tu despacho pasa a ser un “todero” y tú y tu equipo, “todólogos” de todo a cien.
Si tienes un dolor de cabeza pasajero o un resfriado, vas al médico de cabecera y, si tuvieras que pagar por ello, incluso ni ibas. Pero si estás realmente malo, si consideras que puede ser grave, te echas mano a la cartera y buscas al mejor especialista, pagando lo que haya que pagar sin rechistar.
Nadie entendería que ese especialista que te va a salvar “el gabys” estuviera recetando ibuprofenos para una migraña en una barbería.
Esto es, si de verdad queremos ofrecer un servicio top, hay que saber a quién nos dirigimos y cobrar en consecuencia. Hacer nóminas, contabilidades y asesoramientos “a precio de saldo” es como llevar el Anillo Único a Mordor… pero en chancletas.
No vas a llegar lejos, y seguramente acabes quemándote, como “persona orquesta” o torero bombero, apagando fuegos continuamente de lunes a domingo para sacar poco más o menos lo mismo que reponiendo lineales en el súper.
Cuando los precios no reflejan el valor real, nos quedamos sin margen para mejorar el servicio, invertir en tecnología o dedicarle a cada cliente el tiempo que se merece.
Con el añadido de que nunca vamos a atraer a ese cliente ideal que valore nuestros servicios y esté dispuesto a pagar por ellos.
Además,
¿Cómo pretendes mantenerte actualizado y ofrecer lo mejor si estás cobrando lo justo para sobrevivir? Es como intentar construir la Estrella de la Muerte con piezas del mercadillo… ¡imposible!
No se trata de contentar a todos ni de tener una oferta para cada perfil. Se trata de especializarse, saber dónde aportamos el máximo valor y, sobre todo, de que nuestros servicios sean percibidos como lo que son: auténtico lujo, pero del de verdad, no del de imitación.
Así que, la próxima vez que te plantees no ya bajar precios para competir, sino incluso no subirlos cada año, recuerda:
Si quieres Chanel Nº 5, vas a la perfumería del copón, y si encuentras un perfume igual en el mercadillo, nunca pagarás más de 5 euros, llevándote dos bragas de regalo.
Al fin y al cabo, todos pensamos que lo que hay allí es barato y de imitación. Que no te pase lo mismo
Que la calidad, el buen precio y la fuerza te acompañen. ✨