«Sobredimensionar: el truco para no morir en el intento»
En el mundo del despacho profesional, el tamaño importa.
Y no, no te vayas por donde no es, me refiero al tamaño de la plantilla.
Porque, cuando tienes que cubrir dos maternidades y terminas el año con una tercera… empiezas a entender lo importante que es «sobredimensionar».
¿Sobredimensionar?
Sí, lo sé, suena a que me he puesto a ver pelis de Marvel o algo así. Pero, como sabes, soy más de Star Wars, por lo que cuando hablo de sobredimensionar la plantilla, me refiero a tener siempre un poquito más de músculo, por si acaso viene una maratón de trabajo que no estaba en los planes.
— ¿La rentabilidad baja? “posclaro”.
— ¿Los empleados trabajan más tranquilos? “postamién”.
Tengo claro que prefiero una rentabilidad más baja que un equipo quemado, porque entonces el despacho se convierte en el Mordor de la asesoría: todo se vuelve gris, feo y lleno de orcos, o quizá peor, clientes más rebotados que el Tito Flo con el Balón de Oro (vergüenza ajena siento por esta actitud de mi equipo, pero esa es otra historia).
— Pero Pedro, si no consigo gente, ¿cómo voy a sobredimensionar?
En estos casos, quizá la solución pasa por buscar fuera de casa colaboraciones o redes en las que apoyarte para conseguir la dimensión adecuada, y que ni tú ni tu equipo os quedéis colgados de la brocha, cual Comunidad de la Comarca, cada vez que Gandalf se iba a echar una cana al aire.
Que la fuerza te acompañe.