El Rincón de AsesorarLa Vaca y la Venta del Despacho

Recuerdo que mi abuelo José tenía entre 6 y 8 vacas lecheras, de esas vacas suizas «tipo Milka».

Un verano, mostré cierto interés «bovino» y estuve bombardeándolo a preguntas al pobre.

A cambio, intentó enseñarme a ordeñar, pero entre que yo soy un poco inútil para según qué cosas y que no mostraba mucho interés, lo dejó por imposible y siguió contestándome.

Me resultó curioso que, con lo poco que les gustaba pagar la luz, en la cuadra de las vacas tuvieran los fluorescentes encendidos hasta las 9 de la noche porque así daban más leche.

El hombre tenía un cuaderno que era su «CRM vacuno» particular. Allí, cada vaca (que tenía su nombre), con fecha de nacimiento, «preñamientos», litros diarios, si comía mucho o poco, etc.

Cuando una ya empezaba a rendir poco, había que llevarla a vender al Mercado de Talavera.:

En los días previos, ración doble de alfalfa y ordeñarla un poquito menos para que «las ubres» no estuvieran «escurridas».
Limpieza, cepillado y aceite de coco al pelo de la vaca para que tuviera lustre.
Limpiar las orejas con perejil por las orejas porque lucían más.
Y para rematar, el día de la venta se le atizaba media botella de coñac del más barato que «hayga».

Porque, seamos sinceros,

¿Quién quiere comprar una vaca flaca si puede tener una bien maja y remozada?

No es que la vaca se pusiera a bailar sevillanas, pero llegaba con un brillo especial, más animada y, digámoslo todo, bastante más atractiva.

Todo esto viene a cuento porque estoy trabajando en una mentoría con un despacho que tiene una facturación de unos 600.000 euros y apenas le ofrecen 120.000 euros por el traspaso.

¿Por qué? Porque al igual que la vaca, un despacho necesita un repaso antes de colgar el cartel de «se vende».

Revisa tus números: Asegúrate de que tus cuentas están tan claras y brillantes como los ojos de un ganadero enamorado de una vaca medio borracha. Un despacho con las finanzas ordenadas es como un traje a medida: sienta fenomenal y hace que todos se giren a mirar.
Procesos pulidos: ¿Tu despacho funciona como un reloj suizo o como un carro sin ruedas? Antes de vender, asegúrate de que todos los procesos están estandarizados y documentados. Es mucho más fácil vender una máquina bien engrasada que un montón de piezas sueltas.
Tecnología actualizada: Si todavía trabajas con el software que estaba de moda cuando debutó Butragueño, es hora de renovarse. Invierte en tecnología que no solo haga tu trabajo más eficiente, sino que también atraiga a un comprador moderno.
Equipo motivado: Un equipo motivado y bien formado es como el coñac para la vaca: imprescindible y tremendamente atractivo. Asegúrate de que tu equipo esté a punto para el cambio de manos, que vean el futuro con ilusión y no «acojonados».
Imagen renovada: Este es el coñac de la vaca, no intentes vender un despacho que no se ha renovado en años. Una imagen fresca y actual dice mucho del cuidado y la atención que le has dedicado a tu negocio.
Ponte en manos de profesionales para la venta: a nadie se le escapa que en este campo, el Madrid y el Barça, el Barça y el Madrid son Toni Izquierdo y Jordi Amado, tanto monta, monta tanto.

Si quieres ayuda con los 5 primeros puntos 5, ya sabes donde me tienes, que igual después de hacerlo, te mola «tu vaca» y no la vendes».

Y recuerda, vender un despacho no es tarea fácil, pero con estos ajustes, estarás enviando la vaca al mercado lista para enamorar a su nuevo propietario.

Como decía mi abuelo, a veces, un buen trago de coñac no solo anima a la vaca, sino que convence al comprador de que está haciendo la inversión de su vida.

Que la fuerza te acompañe.